La deuda como forma de gobierno

Síntesis de la presentación de Verónica Gago, investigadora del CONICET y profesora de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Su trabajo articula teoría política, estudios feministas, economía popular y movimientos sociales en América Latina. Forma parte del colectivo Ni Una Menos, donde desarrolla una práctica que vincula producción intelectual y acción política.

Verónica Gago sitúa su exposición dentro de una trayectoria sostenida de investigación militante junto con Luci Cavallero, iniciada en 2017, y condensada en tres libros que han circulado ampliamente en América Latina, Europa y Estados Unidos: Una lectura feminista de la deuda (2020), ¿Quién le debe a quién? Ensayos transnacionales de desobediencia financiera (2021, coeditado con Silvia Federici) y La casa como laboratorio: finanzas, vivienda y trabajo esencial (2022). La disponibilidad abierta y las numerosas traducciones de estos textos revelan el interés por este tema, y muestran cómo la deuda opera como una forma transnacional del capitalismo colonial y patriarcal, cuya comprensión exige una mirada feminista situada, internacionalista y atenta a las formas de gobierno que se despliegan sobre distintos cuerpos y territorios.

La autora organiza su presentación mediante imágenes de protestas y consignas feministas que sintetizan el clima político de cada momento. Este método establece un diálogo entre la teoría feminista sobre la deuda y su expresión en las calles, mostrando cómo las ideas circulan, se apropian colectivamente y adquieren fuerza política a través de la lucha popular. La primera imagen que presenta es una fotografía de las Madres de Plaza de Mayo sosteniendo una pancarta que dice “El poder financiero es terrorista”. A partir de esta escena, la autora plantea que el neoliberalismo latinoamericano no puede entenderse sin su origen dictatorial. Esta frase condensa la idea de que la violencia estatal de las dictaduras funcionó como condición de posibilidad para instalar el neoliberalismo.

La segunda imagen establece un diálogo con la actualidad, empleando la fotografía de una acción feminista frente al Banco Central de Argentina, donde las activistas llevan una pancarta con la consigna: “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos”. Aquí, Verónica muestra cómo la deuda, que suele presentarse como un concepto macroeconómico y abstracto, se traduce en prácticas concretas de intervención sobre la vida cotidiana de los sectores populares. El endeudamiento se revela entonces como una forma íntima de gobierno, un mecanismo que captura el tiempo y los recursos de las mujeres, las familias y los hogares más precarizados. De este modo, la primera parte de su presentación establece la premisa que guiará toda la charla: la deuda ya no es un fenómeno técnico y abstracto, sino una forma de gobierno sobre la vida.

Deuda y financiarización de la vida cotidiana

Tras esta genealogía, Gago introduce un conjunto de conceptos que permiten comprender cómo opera la deuda en la fase actual del capitalismo. El primero es la financiarización de la vida cotidiana. Si durante décadas las finanzas aparecían como un lenguaje especializado y distante de la experiencia común, hoy, señala la autora, “bajan del cielo y tocan tierra”: se instalan sobre los cuerpos y en la vida diaria a través del endeudamiento. La deuda se presenta como una falsa solución a la precariedad y actúa como mediación para cubrir necesidades básicas como comida y vivienda. Su expansión como mecanismo del capitalismo financiero descansa en políticas de ajuste, medidas de austeridad y aumentos constantes de precios ligados a la inflación, procesos que erosionan la capacidad adquisitiva de los sectores populares. Cuando el salario deja de alcanzar, entra la deuda. Este proceso de financiarización transforma el endeudamiento en sobreendeudamiento.

Posteriormente, la autora introduce nuevas imágenes de movilizaciones, dando un lugar protagónico al sindicalismo feminista, que ha jugado un papel clave en la masificación de consignas como “desendeudadas nos queremos”, donde se expresa una comprensión política profunda del endeudamiento como parte de la explotación contemporánea. Otra imagen muestra el vínculo entre deuda y pensiones, expuesto por mujeres pensionistas mediante la consigna “los aportes que nos faltan se los quedó el patriarcado”. Paralelamente, Gago destaca que la deuda también estructura distintos tipos de relaciones sociales. Las organizaciones indígenas han señalado cómo los acuerdos de deuda justifican ciclos renovados de extractivismo sobre territorios ancestrales. En este sentido, el endeudamiento funciona como un relanzamiento colonial del extractivismo, pues, a cambio de préstamos, se habilitan proyectos extractivos que desplazan comunidades y destruyen ecosistemas. Esta dinámica implica, además, que quienes denuncian estas violencias son perseguidas y criminalizadas.

La autora continúa la presentación analizando la coyuntura política argentina, marcada por la llegada de la ultraderecha a través del gobierno de Javier Milei, en el que el Fondo Monetario Internacional ha pasado a desempeñar un papel central. Argentina contrajo la deuda más grande de la historia del FMI, lo que implica en la práctica un cogobierno de facto entre el FMI y el gobierno de Milei. En este nuevo escenario, los actores económicos que emergen con fuerza son las plataformas de finanzas tecnológicas (FINTECH), que se convierten en intermediarias entre el Estado y los sectores populares. Gago analiza cómo figuras como Marcos Galperín, dueño de MercadoLibre y Mercado Pago, concentran un poder económico basado en la intermediación que realizan entre el Estado y los sectores populares, por ejemplo, gestionando el pago de programas sociales a través de sus plataformas digitales, mientras, al mismo tiempo, fomentan el endeudamiento mediante estas billeteras virtuales. Según la autora, este proceso se intensificó durante la pandemia, periodo que operó como un “laboratorio financiero” marcado por la expansión del crédito digital, la inflación, el pluriempleo y el empobrecimiento generalizado.

Hacia una expansión conceptual: extractivismo financiero y luchas feministas

La autora culmina la presentación con la introducción del concepto de extractivismo financiero, una categoría que permite integrar los argumentos previamente elaborados. Para ella, la noción de extractivismo, tradicionalmente asociada a la explotación de materias primas, debe expandirse para abarcar la lógica extractiva que se ha vuelto un modo privilegiado de producción de valor en la fase de acumulación actual, donde las finanzas tienen un papel ejemplar —como prototipo y como código—. Es esta lógica la que permite actualizar la propia noción de explotación del trabajo, ampliando necesariamente el concepto de extractivismo. La autora subraya que este extractivismo financiero se acelera sobre todo en dos esferas: el extractivismo inmobiliario, a través del endeudamiento habitacional, la financiarización de la vivienda y la expulsión urbana, y las economías de plataforma, donde el algoritmo captura trabajo, datos y tiempo.

En la ronda de preguntas, la autora profundiza en la idea de la deuda como un mecanismo de disciplinamiento y, al mismo tiempo, como un dispositivo geopolítico de recolonización. Señala que los proyectos genocidas y los proyectos financieros mantienen un vínculo orgánico que puede rastrearse tanto en la historia de las dictaduras latinoamericanas como en la explotación del territorio palestino a través del mercado inmobiliario, en la actualidad. Según la autora, la deuda opera como mecanismo de gobierno en tres niveles: el geopolítico global, el nivel nacional sobre países del Sur Global y el de la vida cotidiana. Estos planos están conectados por circuitos que articulan el empobrecimiento de las familias endeudadas con el endeudamiento de los Estados y, a escala mundial, con la función de la deuda como herramienta geopolítica de recolonización de territorios.

Con relación a las preguntas sobre el impacto del extractivismo de la deuda en la vida de las mujeres, la autora subraya la existencia de una explotación anímica y emocional vinculada al esfuerzo permanente de pensar cómo pagar las deudas. Ese desgaste desplaza la posibilidad de imaginar desobediencias o formas de rechazo a la deuda y, en cambio, nos empuja a buscar más trabajo para solventarla. Para Verónica, la deuda captura la emocionalidad y la salud mental, generando insomnio, malestar y otras violencias y, en este sentido, existe una disputa fundamental por las emociones que son movilizadas por la deuda como mecanismo de gobierno.

En cuanto a cómo desobedecer la deuda ante niveles tan altos de violencia social, Gago retoma la experiencia argentina, donde la masividad de las protestas en las calles funciona como mecanismo de protección frente a la represión estatal. La autora destacó que la derecha no logra movilizar masivamente al pueblo argentino, y que el desafío actual consiste en articular agendas fragmentadas, como las de la salud, la economía popular y la educación superior, entre otras, para construir una fuerza común que pueda hacer frente a la política de recortes y precarización extrema del actual gobierno.

Finalmente, al ser indagada por la relación entre trabajo político e investigación académica, la autora insiste en que la investigación debe ser de libre circulación y acompañarse de una práctica política que incluya encuentros, talleres, discusiones, espacios de autoformación e intercambio de saberes. Las investigaciones, dice, deben convertirse en herramientas de lucha y de visibilización de experiencias de movilización, así como en la producción de conceptos propios para la lucha política. Para la autora, no puede haber investigación académica sin trabajo político, y es fundamental cultivar el vínculo entre producción intelectual y luchas sociales, reconociendo que las organizaciones son las principales productoras de conocimiento. Insiste además en la necesidad de traducir conceptos en consignas y viceversa: lograr que temas como la deuda y lo financiero adquieran fuerza política y poética en el espacio público. Es de esta manera que la investigación se vuelve herramienta colectiva y práctica de transformación.


Summary by: Carolina Mosquera Vera